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Postura y respiración

Fíjate en tu postura en este momento.

¿Tienes los hombros un poco encorvados? ¿El cuello se inclina hacia la pantalla? Si es así, puede que te esté costando concentración y energía.

Existe una correlación directa, biomecánica, entre la postura del cuerpo y la forma en que respiras. Cuando en el escritorio o en una reunión adoptamos el llamado «tech neck», la cabeza inclinada hacia las pantallas, comprimimos físicamente la caja torácica. Así el diafragma, el principal músculo de la respiración, no puede descender del todo.

¿El resultado? Pasamos por defecto a una respiración superficial, «alta», en la parte superior del pecho. Este tipo de respiración aporta menos oxígeno y activa el sistema nervioso simpático, lo que nos mantiene en un estado de estrés y cansancio de fondo.

Cuando, en cambio, te sientas con la espalda recta, los hombros hacia atrás y el pecho abierto, el diafragma tiene espacio para llevar el aire hasta la parte baja de los pulmones. Esto activa el sistema nervioso parasimpático, que reduce la frecuencia cardíaca, despeja la niebla mental y te da una energía constante.

Te doy un consejo sencillo que lo cambia todo:

  1. Apoya los dos pies en el suelo. Mantén la espalda recta.
  2. Gira los hombros hacia arriba, hacia atrás y hacia abajo, dos o tres veces.
  3. Inspira contando hasta 2 (siente cómo se expanden las costillas, no solo la parte alta del pecho) y espira contando hasta 6 (siente cómo la caja torácica aprieta los pulmones). Repite 3 veces.

¿Notas la diferencia? Ya puedes empezar el día: el corazón late tranquilo, la mente está concentrada.

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